Así como la aparición de Ignacio Guido Montoya Carlotto tuvo un impacto nacional e internacional de proporciones, 30 años atrás, en diciembre de 1984 la restitución de Paula Logares, la primera con un método científico, fue bien controversial.

Similitudes y diferencias ante un mismo hecho, la recuperación de identidad de los desaparecidos con vida que dejó la dictadura cívico militar que tomó el poder en marzo de 1976.
Si el caso de una niña de ocho años criada por el subcomisario Samuel Miara -que hasta le quitó dos años para anotarla como hija natural- provocó reacciones -"algo habrán hecho; hijos de terroristas; dejen a esos chicos con esos padres", el de Ignacio Guido encontró a la sociedad en otro lugar y con otra respuesta, según analizó Paula Logares durante una entrevista con Télam.

También aseguró que el doloroso proceso de recuperar la identidad nunca significó  un "arrepentimiento"."Nunca ninguno de nosotros se arrepintió de saber lo que supo. O haber sabido quiénes eran nuestros padres". 
La aparición de Ignacio Guido tuvo un efecto emocional masivo e ineludible que dejó como consecuencia -entre otras- cataratas de llamados de posibles hijos de desaparecidos a la sede de las Abuelas de Plaza de Mayo.
30 años pasaron de esa primera recuperación del 84, la de Paula Eva por su abuela Elsa Pavón,-reflejada en la película "La Historia Oficial" de Luis Puenzo- y, la decisión de Ignacio Guido, todo un hombre, de hacerse los estudios para determinar su identidad.
En ese lapso las contradicciones de una sociedad que pasó de cuestionar, dudar y despreciar a la altísima valoración que hoy tiene del simple derecho a la identidad y a la verdad histórica, un principio que en la última década una política de Estado afianzó en la conciencia de los argentinos.
"Lo más interesante de esto es que todos se puedan poner contentos y que no se discutan cuestiones que siempre se estuvieron discutiendo y cuestionando. Cosas que con cada caso de cada uno de nosotros se fueron viendo y pasando distintas cosas" afirmó Paula Logares, 38 años, cajera en el Banco Nación donde trabajaba uno de sus progenitores, madre, esposa.
Ella recuerda que el cinco de agosto, cuando la noticia que "Guido Carlotto" había sido encontrado barrió con todo ella salía de su trabajo pero, dijo, pese a su enorme sorpresa sintió la misma alegría que ante otras recuperaciones de nietos.
"La verdad que me pone tan contenta como cualquier otra restitución, cualquier otra recuperación de identidad. Ni un poco más ni un poco menos", aseguró la joven que entre los dos y los ocho años estuvo en manos de apropiadores.
Para probar su parentesco con la familia Logares-Grinspan se hicieron entonces análisis de sangre. Pero su abuela y ella misma, debieron visitar muchas veces el juzgado y someterse a pruebas -posteriormente hicieron el de ADN-, para validar el juicio contra los Miara.
"El mío fue el primer caso vía judicial. La denuncia la presentan el primer día hábil de la democracia y al año exacto, diciembre del 84 vuelvo a vivir con mi abuela" detalló la joven al recordar el clima de época.
"En aquel entonces, no sólo conmigo sino en general lo que hacían era cuestionar ¿por qué arrancarlo de esa familia? si tuvo buena intención o no, si se estuvo criando ahí ¿hasta dónde le hace bien o no a la criatura cambiarla de lugar, de núcleo de círculo?", rememoró.

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