Messi es el mejor por muchas razones. Los que hemos lo hemos visto en el Camp Nou somos unos privilegiados: hemos sido testigos de la incubación de un genio. Igual con Xavi, igual con Iniesta, igual con Pedro. Pero lo que hace verdaderamente grandes a los cracks es que aparecen en los momentos trascendentales para el equipo. En esto Messi se graduó con matrícula de honor con su cabezazo en el Olímpico de Roma en la final de la Champions que certificó su entrada a la historia del futbol como el más grande. Sólo le queda pendiente un mundial con Argentina. Pero esa es otra historia. La diferencia entre las selecciones y los clubes de futbol son los automatismos detrás de un concepto de futbol homogeneo, y aquí, no hay color entre el juego del Barça y el Argentina.

No quiere decir que Argentina, liderado por un Messi en un estado de forma nunca antes visto en ningún otro jugador, pueda ser suficiente referencia para arrastrar a una selección que tiene una camiseta con peso, pero que llega con el mismo juego colectivo con el que se plantó en la final de Italia en 1990.

Pero no hay prisas históricas en el Barça, porque ahí Messi ya lo ha ganado todo. Pero lo que verdaderamente ilusiona a este jugador es poder ganar otra vez, lo más alto, lo más sublime, partido a partido, como finales mundiales que sólo gana uno: un sólo equipo.

Messi estará presente el miércoles en un partido decisivo, el más importante de su carrera, con el privilegio que da jugar delante de una afición que le es propia, de la cual forma parte desde su concepción como futbolista, y que se brinda a él incondicionalmente. Quizás cuando Argentina entienda esta devoción ciega podrá probar una pizca del placer que se genera a partir de la emergencia en comunión perfecta, entre el campo y Messi.

Messi metió cuatro goles en el último partido que se jugó en el Camp Nou de la champions. La definición de este gol es una de sus marcas como cracks, de aquellos que entienden que el espacio que se abre por encima del portero que achica es una vía mucha más virtuosa y efectiva para culminar en gol.

Este miércoles, Messi estará ahí, liderando a un equipo histórico, el Barça de Guardiola, ante una meta acequible pero que representa un reto de intensidad total: la remontada del Camp Nou, un paso previo para llegar a la final del Bernabeu.

El Barça Inter del Camp Nou pasará a la historia, pase lo pase. Hay que estar ahí, muy presentes de que nuestra actitud puede ser requerida, no como individuo, sino como la emergencia colectiva que es más que la suma de la partes.

Con la mitad de lo que hizo contra el Arsenal, este Barça tendrá suficiente para persistir. A ver si nos vuelve a sorprender superándose una vez más.

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