Penoso, arduo fue el camino que recorrieron los gays antes de salir del clóset. No sólo tuvieron que soportar el estigma de ser diferentes y reivindicar sus derechos. Y cuando ya habían irrumpido en la sociedad, la pandemia del sida comenzó a diezmarlos. Pero continuaron. Pronto, los homosexuales y lesbianas encontraron apoyo en activistas, legisladores y organizaciones civiles para enfrentar los vestigios homofóbicos. Y hoy, ya sin inhibiciones, lanzan su grito: “¡En mi cama mando yo!”.

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