El poder de volar fue una obsesión desde la leyenda de Ícaro hasta la actualidad.
Leonardo Da Vinci fue el primero en diseñar alas para los hombres, pero recién durante el siglo XX, el sueño de volar comenzó a hacerse realidad.
Da Vinci le dedicó muchos años de su vida a escribir sobre el vuelo de los pájaros.
Una de sus preocupaciones era respecto a cuáles serían las alas perfectas para instalar en una máquina voladora:
• las alas con plumas, entre las que se filtraría el aire y se desestabilizaría el aparato
• las de membranas, como las de los murciélagos, que le parecieron las más seguras.

Da Vinci diseñó varios modelos aeronaves :

• La máquina con una palanca para batir las alas (que multiplicaban su fuerza).
• La máquina con pedales, en la que se movían las alas empujándolas con la cabeza, haciendo girar dos manivelas con las manos y dos pedales con los pies.
• El paracaídas, con varias bolsas de aire unidos, con el que se podría lanzar desde cierta altura.
• El planeador o “ave gigantesca” que luego fue la base de lo que se conoce como ala delta.

No hay comprobaciones de que alguna de estas máquinas voladoras haya tenido éxito, pero sus aportes resultaron fundamentales para que siglos más tarde el hombre, lograra volar.
En los inicios del paracaidismo, no había una técnica adecuada para utilizar el propio peso del cuerpo para controlar la caída libre.
Los wingsuit o trajes de alas que se inventaron a posteriori fueron el primer intento de estabilizar al saltador durante la caída.
Los “hombres pájaro”, pioneros en estos saltos, construían sus alas con madera, metal y lona y, en sus demostraciones, abrían su paracaídas a baja altura.
Clem Sohn, (norteamericano), murió en 1937 durante un salto de exhibición, cuando su paracaídas principal no se abrió y, al intentar abrir el de reserva, los dos se enredaron.
Harry Ward, “el hombre pájaro de Yorkshire”, realizó el primer salto de alas en Inglaterra en 1936 y logró caer relativamente con estabilidad desplazándose inclusive en forma horizontal durante la caída. En total hizo nueve saltos con sus alas sin inconvenientes. Murió recién en el año 2000.
En los años 50 las alas metálicas y de madera fueron reemplazadas por otras diseñadas en lona o seda.
Leo Valentín conocido “hombre pájaro” de aquella época, fue reconocido como el responsable del desarrollo del paracaidismo como deporte. Valentín construyó una serie de alas rígidas en lona pero, en 1956, en un salto golpeó contra la puerta del avión y provocó que su paracaídas no funcionara. Fue su último salto.
Viktor Androsov del Circo Aéreo de los Temerarios de las Nubes, murió en su primer salto en Finlandia, luego de que la gran superficie de lona de sus alas le impidiera hallar la cuerda para abrir su paracaídas.
Entre los años 1930 y 1961, de los 75 “hombres pájaro” originales, 72 murieron en su intento por volar.
A fines de los 80 Christoph Aams (alemán) experimentó con los primeros trajes de alas y otros diseños para mejorar el desplazamiento horizontal.
En los 90, Patrick de Gayardon (francés), empezó a saltar con un traje (construido por él mismo) que le permitió volar como nadie lo había hecho antes. Colocaba entre sus brazos y piernas unas alas similares a los paracaídas, que se llenaban de aire durante la caída libre. Murió en el año 1998, a raíz de una modificación que estaba realizando en su equipo le provocó el mal funcionamiento del paracaídas.
En 1998 Adrian Nicholas (inglés) logró volar unos kms. por un lapso de 5 minutos, estableciendo un record. Murió en el año 2005 en un salto por un inconveniente con su paracaídas.

El Proyecto Alas
En junio del 2005 Santi Corella, Toni López y Álvaro Bultó (españoles), integrantes del Proyecto Alas, consiguieron cruzar el Estrecho de Gibraltar, en un vuelo de 20,50 Km de 6 minutos de duración a una velocidad de 208 km/h.
Este salto (o vuelo) los convirtió en los seres humanos con el vuelo más largo de la historia. Con estos trajes de alas los nuevos “hombres pájaro” del siglo XXI lograron sobrevolar montañas, aguas, desiertos y vegetaciónes, desafiando las leyes de la naturaleza.
El Proyecto Alas, estableció los record mundiales de tiempo en caída libre y distancia volada. Sus integrantes se convirtieron en las primeras hombres en realizar un vuelo sobre el Polo Norte y la Antártida.
En el Polo Sur realizaron un primer salto sobre la Base argentina Marambio. Luego practicaron un segundo salto, sobre el Cerro Nevado (al sur de Marambio), desde 4.114 metros y con una sensación térmica de 70º bajo cero.
Los nuevos wingsuit tiene una membrana que une brazos y piernas para reducir la velocidad de caída, En un salto normal ronda los 200 km/hs ; con este traje se reduce a 60 km/hs. La velocidad horizontal habitual de 30 km/h se incrementa a un promedio de 170 km/h.
Las sensaciones son completamente distintas a todo lo conocido, incluso al paracaidismo.
En vez de caer, se tiene la percepción de volar como un pájaro.

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