Un habitual viaje de negocios de medio día al interior del país se trasforma en otro viaje: al llegar a destino, Juan Desouza descubre que el hombre que viajaba a su lado esta muerto. Secretamente, casi como un juego, decide tomar su identidad, inventarse una profesión, conseguir un lugar donde dormir: la posibilidad de no regresar.
En sus nuevos días libres, en estado de disponibilidad, el hombre realiza una suerte de travesía al reencuentro de sus gustos, de sus instintos, intentando abrazarse a la idea de que la vida que le tocó y que eligió vivir no es la única posible.