Vivimos sumergidos en una constante preocupación por las cosas de este mundo, el trabajo, el amor a las riquezas e incluso nuestras propias ambiciones, nos matienen ocupados la mayor parte del tiempo; influyendo directamente en nuestra comunión con Dios y por ende con quienes nos rodean. La Misericorda es el poder que transforma nuestras vidas, convirtiéndonos en seres bondadosos, a través del amor de los unos a los otros. Éste, es un poder capaz de cambiar al mundo, y se encuentra en nuestros corazones...

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