Cuando se habla del impacto ambiental de un edificio de nueva construcción, o de una rehabilitación, normalmente se dan valores sobre su funcionamiento. Es más habitual ver afirmaciones tipo "este edificio consumirá un 30% menos de energía que uno convencional" que no datos sobre los impactos de la construcción en sí, aunque sabemos que estos impactos son relevantes. La razón es que resulta mucho más fácil medir el uso que la construcción. Los distintos productos que componen un edificio provienen de distintas empresas, que a su vez fabrican sus productos a partir de otros subproductos y materias primas que provienen de otras empresas. Hacer el seguimiento de, por ejemplo, el consumo de energía necesario para fabricar un producto es complejo.
Para dar respuesta a esta necesidad aparecen las Declaraciones Ambientales de Productos de la construcción. Es un tipo de ecoetiqueta que incorpora información sobre el análisis de ciclo de vida del producto. Si este sistema se extiende y hay suficientes productos en el mercado que ofrezcan esta información, será posible determinar con precisión los impactos ambientales reales de la construcción de un edificio.