Performance realizada durante el festival Internacional de Performance “Cita a Ciegas” 9 de febrero de 2009. Cusco, Perú.

Inicié la acción arrastrando una maleta de cuero verde, de unos 50 kilos aproximadamente, desde la “Piedra de los 12 ángulos” hasta el Templo de la Luna, ubicado dentro del Qorikancha (antiguo templo Inca), distante unas 7 cuadras de allí. Durante el recorrido fui pidiendo a las personas que transitaban por la calle que me ayudaran a arrastrarla. Una vez llegado al lugar de destino, me quité el calzado y desnude mi torso. Abrí la maleta y de adentro saqué piedras que los días previos fui recogiendo de las calles de Cusco. Las fui apilando una al lado de la otra, de manera que construí un pequeño muro de unos 80cms de largo y 40cms de alto.
Luego con una hoja de afeitar comencé a realizar cortes en mi mano izquierda dejando gotear la sangre sobre las piedras que conformaban el muro (Inhabilitar la mano; la mano que da, la mano que quita; la que empuña el arma).
Saqué una botella con chicha (la chicha es un fermento de maíz que se utiliza tradicionalmente en la cultura de los andes, tanto en los rituales a modo de ofrenda, como también durante las fiestas populares) y la serví en un pequeño vaso de vidrio. Luego de brindar con la gente al aire, me lavé las heridas sobre las piedras. Me serví otro vaso y tomé un trago derramando el resto sobre las rocas a modo de un "lavado". Serví mas chicha en el vaso e invité uno a una a que se acercaran y repitieran la acción de beber un poco y derramar el resto sobre las rocas. De esta manera, al finalizar la chicha, ya no quedaban rastros de sangre en las rocas.
“(…) la sangre del artista - que brota de las heridas causadas por la misma acción - deviene una ofrenda real y simbólica del dolor propio”(1) a la vez que del dolor colectivo, de la historia.
La sangre derramada en los muros de piedra durante la conquista española queda estetizada bajo la mirada del turista que transita las calles de Cusco.
En esta Acción -Ritual -Ofrenda, el “Velo” es retirado y la sangre puesta en evidencia, pudiendo al final limpiar el peso de la historia que las mancha, derramando chicha de maíz sobre las rocas.
Ofrezco mi sangre a modo de ritual, como si a través de este acto simbólico pudiera limpiar la sangre derramada en cada muro construido a lo largo de la historia.

(1) Fragmento extraído del libro “Escenarios Liminales: teatralidades, performances y política” de Ileana Diéguez Caballero. Ed Atuel. Buenos Aires. 2007

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