Cómo explicar a quienes hablan con distancia, cuando no con desprecio, de "estos jóvenes" acampados que no somos "el otro". Que aquí estamos todos juntos: parados, precarios, des...pedidos, eternos becarios, estudiantes, hipotecados y los que no lo somos. Algunos tenemos trabajo, contrato indefinido incluso, llegamos a fin de mes, no nos ahoga la hipoteca y también estamos acampados. También estamos hartos. También estamos en las plazas públicas quienes sabemos que tener la vida en precario no significa únicamente no tener trabajo, sino ser diariamente esclavizados por él, estafados por la dinámica alienante y adoctrinarte del mercado, despojados de lo que nos hace humanos para quedar convertidos en mercancías endebles, consumidores y objetos de consumo. Despojados de lo que nos conecta al resto de los humanos, la alegría en común, la empatía, la capacidad de escuchar, de comunicarnos, de potenciarnos, de amarnos, para dejarnos envasados herméticamente en paquetes individuales y almacenados de por vida. Aislados. Hemos venido a combatir esa dinámica alienante poniendo lo mejor de nosotros. Sabemos que quienes la perpetuamos y alimentamos somos nosotros mismos y hemos venido a acabar con ello. A cortocircuitar ese sistema que hemos estado reforzando y que nos come la propia vida. Cómo explicárselo a quienes no creen que esto sea posible. También hemos salido a encontrarnos unos con otros. Hartos de estar encerrados en casa, envasados al vacío frente a la tele, hartos de rozarnos apenas en los bares, en el fútbol, hartos de no llegar a conocernos nunca. Hemos salido a habitar por fin un espacio común. A crear con nuestra presencia un espacio nuevo en el que hablar, contarnos quiénes somos, qué necesitamos, qué hemos aprendido hasta ahora. Nos hemos juntado en las plazas a hablar para decidir juntos lo que queremos, para que nadie decida más por nosotros lo que no queremos. Hemos salido a compartir nuestros saberes, a generar alegría, potencia y vida. A alterar con este gesto lo privado y lo público. A cambiar lo que hay de gris en nuestra vida de trabajo, fútbol y bares. Y con ello a cambiar el mundo, porque lo personal sigue siendo incuestionablemente político y lo político empieza por lo personal. Hemos salido a indagar con quién vivimos y nos hemos dado cuenta de que no es verdad lo que nos han contado. No somos distintos, no estamos lejos, no somos adversarios, no queremos robarnos unos a otros lo poco que tenemos. Nos hemos dado cuenta de que somos uno mismo, incluso si no compartimos la lengua ni el equipo de fútbol. Nos caemos bien, estamos a favor unos de otros. Hemos descubierto que somos más generosos de lo que creíamos. Nos interesa lo que nos estamos contando y queremos seguir hablando. No queremos volver a nuestra casa, nuestra tele y nuestro envase al vacío. No queremos dejar que de nuevo nos impidan sentarnos en las plazas y nos cierren las ciudades y los continentes. Ahora queremos saber qué cuentan en las plazas de otros países, incluso más allá de los muros de Schengen. Hemos descubierto que habitar estas plazas es darles vida y que dar vida juntos a nuestras ciudades es darnos vida a nosotros mismos. Hemos descubierto que todos juntos lo hacemos mejor que ellos. Que juntos estamos mejor que solos. Hemos descubierto que la política era precisamente esto. Y estamos pletóricos. Cómo explicárselo a ellos, que no sienten este gozo.

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