¿Recuerdas cuándo fue que perdiste la virginidad espiritual e hiciste el amor con el diablo? ¿Cuándo tu mente se transformó de pura a manchada y pasaste de ser santo a pecador? El diablo es un gran seductor, y cuando los malos deseos han sido concebidos en tu mente, engendran el pecado. Pero el pecado no es un bebé para ser acurrucado cuando nace. Es un esqueleto hediondo en tus brazos, chorreando líquido cadavérico, que te traerá amargura. Un mensaje confrontador!

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