Echado en la estera boca arriba, el sacerdote jaguar escucho el mensaje de los dioses. Ellos le hablaron a través del tejado, montados a horcajadas sobre su casa, en un idioma que nadie mas entendía.
“Dispersados serán por el mundo los hombres que cantan , las mujeres que cantan y todos los que cantan. Nadie se librará, nadie se salvará. Mucha miseria habrá en los años del imperio de la codicia, los hombres esclavos han de hacerse, triste estará el rostro del sol, se despoblará el mundo, se hará pequeño y humillado”
Chilam Balam, el que era boca de los dioses, recordó lo que aún no había sucedido.

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