Esputillo visceral de sangre y asquerosidades varias, pero con la santa inocencia de los principiantes. A veces nos hemos avergonzado al volverlo a ver, pero resulta carismático por lo pardillos que éramos. Con una videocámara, 15.000 pelillas, un brazo de plástico y unos cuantos botes de ketchup perpetramos la historia de unos chavales excursionistas que, mira tú por donde, se lían a hacer una sesión de espiritismo, a causa de la cual despiertan a un zombie con mala leche. A partir de entonces, una pesadilla de la que les costará salir con vida....