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Una forma de entender la ciudad y de calmar la sed de surf. Así nació el skate en la psicodélica California de los años 70. Puede practicarse desde los 5 años, con protecciones y supervisión, y en Lanzarote se desarrolla con energía. Su técnica complementa y perfecciona las destrezas para coger olas. Una amplia comunidad de residentes y turistas nutre este deporte -y otros más extremos- a los que quizás les falta promoción y regulación, y estén sobrados de prohibición.
M.J. Tabar
[Lunes, 23 de julio de 2012]
Diego Rosende empezó a patinar en Buenos Aires, en 1992. En seis años, progresó hasta convertirse en un profesional del skate con seis citas anuales en campeonatos internacionales. Estaba patrocinado por LA Gear, una archiconocida marca californiana de zapatillas, que la poderosa imagen de Kareem Abdul Jabbar llevó a los pies de los adolescentes de medio mundo en los 80.
En el año 2000, Diego representó a Argentina en los mundiales de Canadá. Luego vinieron Innsbruck, Lausanne (octavo mejor clasificado entre los 59 mejores patinadores del mundo) y la Mystic Cup de Praga.
Tras una lesión, varios trabajos en San Sebastián (socorrista) y Andorra (limpiador de nieve en pista), y la decisión de quedarse en Lanzarote, abrió la tienda Salomé Surf. Diego se convirtió en una suerte de pedagogo del skate; un productor de eventos relacionados con su pasión. Un pequeño empresario que con Grow Producciones lleva mini ramps y talleres por las localidades de la isla.
Su otro 'campo de batalla' se llama Alto Riesgo, un programa de televisión que difunde la amplia oferta de deportes extremos que se pueden practicar en Lanzarote (búlder, longboard, BMX, trial, surf, etc.). El ex profesional destaca que la isla ha sido bendecida con un clima y una orografía ideales para este tipo de diversiones.
Junto a la asociación Ser Urbano, consiguió en 2009 traer una prueba del Circuito Canario de Skate al skatepark de Lanzarote, abierto desde hace ya 10 años. Esta competición se ha celebrado desde entonces en la capital insular, a excepción de la edición de 2011. En aquel año, la infraestructura fue desmontada para albergar un escenario auxiliar al concierto de Melendi, durante las fiestas de San Ginés.
Quitados módulos, rampas y barandillas, éstos fueron almacenados en una nave, y muchos se deterioraron en el camino. Cuando empezaron las preguntas y las críticas por el desmantelamiento 'express' de una zona de ocio juvenil (que desde el Consistorio capitalino se denominó “cierre temporal”), el área de Juventud del Ayuntamiento de Arrecife anunció el inicio de obras de remodelación en el skatepark, “aprovechando” la coyuntura.
Los skaters critican el excesivo desembolso del Ayuntamiento, que acometió el proyecto sin asesorarse con los profesionales de este deporte en Lanzarote. El resultado: un skatepark en buenas condiciones, pero que carece de elementos que antes sí tenía. Una obra cara, que de haberse realizado con algo más de perspectiva hubiese generado un inaudito excedente de presupuesto que hubiese posibilitado la puesta en marcha de una escuela estable de skate.
El pasado sábado 21 de julio, el skatepark albergó la prueba del Circuito Canario de Skate, con dos categorías (sub 16 y Open) en las que compitieron más de 30 patinadores. Dos días antes, con alerta ámbar y una calima desasosegante, Diego y varios compañeros pintaban las rampas del skatepark. El Ayuntamiento puso las latas de pintura. Ellos, la mano de obra. A fondo perdido, de momento.
Con más de 300 personas entre el público (amigos, familia, bañistas del Reducto, paseantes de perros, habitantes de parqués y fotógrafos que consideran los trucos de los patinadores un caramelo para el retrato en movimiento), el Circuito se desarrolló en una atmósfera reconfortante.
El sitio es un pequeño oasis frente al mar, al lado de la ciudad, rodeado de palmeras, árboles y césped. Pero una vez más, se malgasta la materia prima: falta una programación cultural y de ocio que sea estable, y el sitio padece un problema de higiene, como muchas otras zonas de la ciudad, quizás provocado por la falta de ejemplo de la Administración, por la herencia de desidia o por la crisis, que parece darnos carta blanca para descuidar lo colectivo.
Hay gente haciendo breakdance (“¿por qué no poner una lona?”), 'cabilditos' modernos sobre la hierba, niños que se suben a los árboles (“y una pared de búlder”), rollers, ciclistas, algún saxofonista.
Cerca del molino, Teguise también tiene su skatepark. El de Costa Teguise está falto de rampas, y el de Tahiche en completo abandono. La opción de patinar por la calle es escasa (el Centro Comercial Atlántico de Puerto del Carmen, La Plazuela de Arrecife, las plazas de algunos hoteles...) y suele desecharse por las multas y apercibimientos que hace la Policía Local, que tampoco permite desplazarse en ‘longboard' por el carril bici de Puerto del Carmen.
El 'long' es un patín más largo, mucho más fácil de manejar y que tiene cada vez más adeptos en Caleta de Famara y La Santa, las dos localidades surferas de la isla, y que atraen por cierto a un buen número de turistas particularmente concienciados con el medio ambiente y la gastronomía local. Un 'target' que podría ser interesante para el Patronato de Turismo. Para emprendedores como David y otros que se abren paso en el Arrecife de la crisis (Pániko, Glóbalo, Élement, El Cruce, la próxima Malabito, etc.) ya lo es.
Las tablas, como las de surf, son el lienzo particular para cada skater. Customizadas con fotografías, firmas con rotulador o siglas que advierten (TLC: Te lo comes). Christian, Aday Abelenda (uno de los cinco participantes de Fuerteventura), Edwin, Airam (“Lo ves en el mar y todavía flipas más”) y sobre todo Marcelo Herrero, patrocinado por la firma Alikate (14 años), que tiene los suficientes dones como para detener el tiempo mientras flota en el aire a bordo de su tabla. La cantera local es espectacular.
David Edwards (24 años) ganó el Circuito Canario de Skate hace unos años y pudo viajar a Galicia para competir a nivel nacional. La experiencia fue un prodigio de adrenalina y superación. A RamBiko (17 años) le gusta patinar inmerso en la música de sus auriculares. “Me gusta porque esto es un reto. Cada día, intentas hacer cosas nuevas”. Keoma Nogueiras, otro skater de Fuerteventura, pivota su vida y su ocio en torno al skate. “El skate es libertad”.