El Padre Vincent Minnelli había caido en las tentaciones del mundo antes de llegar a tener 16 años. En esta edad, fue bautizado por decisión própia porque ya había encontrado una devoción a Guadalupe y empezó a conocer al Señor. Desde allí empezó a profundizar su fé poco a poco. Con otros jóvenes salieron en un programa de televisión en México hablando sobre la fé y creció mucho el programa en popularidad. Durante su tiempo con este programa, llegó de visita un sacerdote italiano quien es médico, sacerdote y misionero en las montañas Andes en el Perú. Este sacerdote se llama Padre Giovanni Salerno y habló a los jóvenes sobre que es ser un misionero y que el misionero hay que ser santo. Le invitó a Padre Vincent ir al Perú por un mes para conocer el movimiento Misioneros Siervos de los Pobres del Tercer Mundo. No le gustó estar allá el Padre Vincent porque fue demasiado exigente. Volvió a México y a sus estudios intentando olvidar de su experiencia en el Perú, pero hubo algo siempre recordandole volver.
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