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Esta pieza consiste en una videoinstalación colocada en la iglesia de San Miguel en el pueblo de Uncastillo. La proyección muestra 30 microvideodanzas grabadas en las calles de ese mismo lugar y en las que se observa el proceso de experimentación del entorno con el movimiento del cuerpo.

La denominación de microvideodanza a cada una de las partes viene dada tanto por su corta duración (1-2 minutos, salvo algunas excepciones) como por la necesidad de que sean interpretadas todas juntas como un todo, dando un sentido genérico a la pieza. Cada una expone una visión fragmentaria del proceso llevado a cabo en Uncastillo, mientras que la suma de todas ellas y su instalación en ese determinado espacio sugieren una perspectiva más amplia del trabajo de investigación de reconocimiento del pueblo por parte de la artista con su propio cuerpo. Aunque formen una serie de temática común, estas microvideodanzas son independientes unas de otras, con lo que no tiene importancia el orden en que se visualicen y por eso mismo aparecen proyectadas con una estructura temporal aleatoria.

Algunas microvideodanzas mantienen casi intactos los parámetros de la grabación original, lo que da más peso al aspecto coreográfico, y sin embargo otras han sido modificadas de tal forma que el espacio fílmico adquiere una nueva dimensión alterada de la realidad. Pero todas ellas responden a un cuestionamiento sobre cómo el entorno y sus características físicas y materiales, e incluso las personas que allí se encuentran, influyen en el movimiento del cuerpo. Lo mismo ocurre a la inversa, es decir, este proyecto es un intento de integración en las diversas localizaciones a través de la experiencia corpórea, convirtiendo aquellos lugares en las escenografías en las que interviene la danza. Por consiguiente propone una interpretación de la relación entre los conceptos de cuerpo y arquitectura y su interactuación constante, así como con los otros agentes de los paisajes de un entorno rural. Se manifiesta en el caso concreto de Uncastillo, en el que la bailarina encuentra escenas en las que se sumerge creando asociaciones y contrastes con las calles y gentes del pueblo.

This piece consists on a videoinstallation in the church of San Miguel, in the village of Uncastillo. The projection shows 30 microvideodances filmed in the streets of that place and in which it can be observed the process of experimentation of the environment with the movement of the body.

The denomination microvideodance to each one of the parts is determined by its short duration (1-2 minutes, with some exceptions) and by the necessity of interpreting all of them as a whole, giving the piece a general sense. Each one displays a fragmentary vision of the process developed in Uncastillo, while the addition of all of them and its installation in that certain space suggest a wider perspective of the work of investigation of the exploration of the village by the artist with her own body. Although they form a series with a common thematic, these microvideodances are independent on each other, so the order of visualizing them is not important and it is for that reason that they are projected with a random temporal structure.

Some microvideodances maintain almost intact the parameters of the original recording, what lends more weight to the choreographical aspect, however some others have been modified in such a way that the filmic space acquires a new altered dimension of reality. But all of them respond to a questioning about how the environment and its physical and material characteristics, and even the people who are there, influence the movement of the body. It occurs the same in the other way around, that is, this project is an attempt of integrating into diverse locations through the corporeal experience, converting those places into the scenographies in which dance intervenes. Consequently, it proposes an interpretation of the relation between the concepts of body and architecture and its constant interaction, just as with the other agents of the landscapes in a rural environment. It is manifested in the concrete case of Uncastillo, where the dancer finds scenes in which she immerses herself, creating associations and contrasts with the streets and people of the village.

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