Al presidente de la Ciudad Autónoma, con una Melilla en decadencia, con unas cifras económicas y sociales alarmantes, le pasa algo, y grave. Los plenos de control se han convertido en una tortura. Fuera de sí, desquiciado, perdiendo el respeto a diputados de la oposición, escondiéndose en el último turno de palabra, refugiado en los malos modos, de la soberbia ha pasado a la actitud chulesca ante la falta de argumentos. En Arfavó le pillamos en tres preguntas: su relación con Bohórquez que tanto dinero nos cuesta, sus estrafalarios pagos a la asociaciones musulmanas al socaire de sus caprichos, o la devaluada imagen que proyecta Melilla. Imbroda se tiene que tragar una colección de sapos con respecto a Madrid y a Marruecos. Naturalmente, Arfavó se ocupa de la última excursión a Madrid con dinero público y de la soterrada guerra de consejeros. El ambiente en el pésimo gobierno Imbroda, se puede cortar. La peineta telefónica, aparentemente desaparecida, tiene mucha culpa. Cuando la polìtica parece de comadres, empiezan los navajazos.

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