RITUALES DE IDENTIDAD
Apuntes sobre la fotografia y video de Javier Largen

Podríamos definir el  trabajo de Javier como una exploración de la identidad
post-adolescente a través de la fotografía y el video.

Las instantáneas de este joven artista documentan –a través de retratos y
autorretratos de increíble frescura-  ese periodo que comprende el tránsito de
la adolescencia a la juventud, un arco temporal crítico, plagado de
ambigüedades e incertidumbres, de autoafirmaciones  tan rotundas  como
contradictorias y  de desencuentros con uno mismo y con los demás, cuya
resolución, con mayor o menor éxito, determinan la naturaleza de la experiencia
adulta.

Como toda etapa de transformación, los cambios, - físicos, psicológicos,
afectivos...- no siempre se producen de una manera ortodoxa y  -siendo de algún
modo consciente de ello- Javier se ha empleado en la difícil tarea de
documentarlos –o escenificarlos lúdicamente- a través del soporte fotográfico y video.

Esa actitud vulnerable, pero orgullosamente desafiante que define la
post-adolescencia queda evidenciada en una colección de instantáneas en las que
Javier dramatiza una suerte de “juego de máscaras”, una serie de “ritos de
pasaje”, en el que quedan plasmados los cambios que se han ido produciendo en su
cuerpo y su mente y donde introduce como actores secundarios a otros personajes
que intenta moldear física y emocionalmente según sus propios deseos.

Hablamos de un cuerpo – de unos cuerpos-  que de repente no sólo crecen sino que
adoptan una apariencia adulta – pero no del todo adulta-, lo que provoca en el
individuo un estado de desconcierto y desubicación.  Cuando somos muy jóvenes
esto suele provocar que la imagen que intentamos proyectar de nosotros mismos se
configure de un modo inversamente proporcional al de la imagen que creemos que
los adultos tienen de nosotros.

De hecho, la revelación más desconcertante de los protagonistas de estos
“rituales de identidad” sea  la de descubrir  que la mirada de los otros  hacia
ellos  ha cambiado por completo... el  joven intuye que ese severo acecho visual
a que se ve sometido por los adultos está vinculado a su sexualidad, a ese
territorio ambiguo en el que ha ingresado  –y al que los adultos no tienen
acceso- pero en el que él tampoco podrá permanecer para siempre...  y esta fatal
intuición genera una suerte de morbo siniestro que se manifiesta – a veces de
modo dramático- en cada acto de su vida cotidiana y también lo detectamos, de un
modo latente, en muchas de estas fotografías.

Las inquietantes imágenes que ahora muestra Javier se configuran pues, como  un
espacio para la búsqueda del “otro”, de ese “otro”que se encuentra dentro de uno
mismo;  y esta búsqueda se realiza  a través de “signos” que van de la
indumentaria al maquillaje y el  peinado,  de la manifestación vulnerable de
afecto al gesto descarado y obsceno,  de la pose tímidamente seductora – de él
mismo o de sus modelos-,  al exhibicionismo procaz...

Ruborizadas pero atrevidas, así son las actitudes de muchos de estos personajes
–especialmente las del personaje femenino- que revelan la intensidad con la que
los jóvenes ensayan un abanico de identidades posibles  ante  la mirada
escrutadora de los adultos.

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