Werner Herzog: Invitado de Honor 2012, Festival de Cine 4+1

Al finalizar la Guerra del Golfo, y tras la retirada de las tropas, Herzog se adentra en los escenarios kuwaitíes del conflicto para filmar un paisaje tan inhóspito y desolador como poseedor de un inquietante y perverso atractivo: a la devastación bélica se suman los numerosos pozos de petróleo en llamas, torres de fuego que parecen emerger de la tierra creando un espectáculo sobrecogedor. Sobre ese telón de fondo, la cámara de Herzog narra varias cosas al mismo tiempo: las complejas y extremadamente peligrosas operaciones de extinción del fuego, la fractura sicológica y emocional que la guerra ha dejado en los habitantes, las dañinas consecuencias ecológicas que ha de afrontar Kuwait. Las imágenes se alzan hasta lo sublime, haciendo convivir en un mismo plano la belleza y el horror. Pese a la música que acompaña varios pasajes el silencio está siempre presente: como atestiguan una mujer y un niño, los propios habitantes han enmudecido. Ante semejante horror –viene a afirmar, en definitiva, la película– no hay posibilidad de expresar nada. Y sólo cabe dar, una vez más, las gracias al director alemán por haber estado ahí para filmarlo. (Manuel Ferrari)

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Werner Herzog: Guest of Honor, 4+1 Film Festival 2012

At the end of the Gulf War, following the troops’ withdrawal, Herzog travelled to Kuwait in order to explore this conflict in situ, filming a landscape as inhospitable and desolate as it is unnerving and perversely attractive: the devastation of war is exacerbated by the numerous oil wells in flames, towers of fire that appear to emerge from the earth, resulting in a deeply moving spectacle. With this backdrop, Herzog’s camera narrates several stories at once: the complex and extremely dangerous operation of extinguishing these fires, the psychological and emotional scars the war has left on the country’s inhabitants, and the harmful environmental consequences Kuwait must face. The images are often sublime, combining beauty and horror in a single shot. Despite the music used in several sequences, silence is ever-present: a woman and child serve to testify that even the inhabitants themselves have become mute. Ultimately the film affirms that it is impossible to express anything when faced with such horror. And, all we can do, once again, is thank the German director for having gone there to film it. (Manuel Ferrari)

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