El esqueleto de un gigantezco animal marino sirve de habitat para una colonia de criaturas virtuales. En esta instalación el público puede interactuar con dichas criaturas, que son capaces de generar música y de establecer lazos con colonias vecinas. Estos seres pueden trasladarse por sobre los cuerpos de los participantes y otras formas que se les acerquen, logrando establecer encuentros entre seres de diferentes zonas. Cada nuevo contacto, cada nueva comunicación despliega motivos musicales, como indicio del fluir de la vida.
La idea consiste en recrear la constante transmutación de la vida, que logra transmitirse de un ser a otro, mediante la metabolización y la simbiosis. En este instalación se busca que el público ponga en funcionamiento el fluir de esta energía/información, generando una relación entre su cuerpo y la instalación, ya que la misma demanda una constante intervención para sostener su actividad.

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