Hace unas tres décadas, una misteriosa enfermedad se extendió por todo Sudán y el actual Sudán del Sur, diezmando comunidades, sembrando el pánico y matando a su paso. Resultó ser kala azar, también conocido como leishmaniasis visceral, una enfermedad transmitida por la picadura de un pequeño insecto y que, como muestra este capítulo, es mortal si no se trata.

MSF empezó a atender a pacientes de kala azar durante esa epidemia y lo ha seguido haciendo hasta nuestros días en Sudán y Sudán del Sur, así como en otros países de África Oriental y Asia Meridional, donde también se da esta enfermedad. En cada lugar las necesidades son distintas, en función de las distintas cepas de la enfermedad. Sin embargo, en todas partes las personas que intentan combatirla se ven limitadas por las deficiencias en investigación y desarrollo específico de kala azar, que se traducen en una falta de pruebas diagnósticas y tratamientos adecuados.

Cada año se diagnostican 400.000 nuevos casos de esta infección parasitaria en el mundo y se pierden unas 40.000 vidas por su causa. Los ocho países más afectados –Bangladesh, Brasil, India, Etiopía, Kenia, Nepal, Sudán y Sudán del Sur– concentran más del 90% de los nuevos casos. Con los años, MSF ha ido adaptando con éxito sus protocolos para ofrecer tratamientos más cortos, menos tóxicos y menos dolorosos a sus pacientes. Pero, como puedo comprobar el fotógrafo de VII Photo, John Stanmeyer, en su visita a los proyectos de MSF en Sudán del Sur, queda mucho por hacer para conseguir pruebas diagnósticas y tratamientos mejores, más específicos y accesibles, y para prevenir mayores daños.

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