Durante siglos, la enfermedad del sueño o tripanosomiasis humana africana (THA) ha hecho estragos en lugares apartados de África, cebándose en personas sin acceso a atención médica o en aquellos que ignoraban los peligros biológicos a los que se exponían al internarse en territorios desconocidos. La enfermedad del sueño es endémica en 36 países africanos y unos 60 millones de personas corren el riesgo de ser infectadas. Transmitida por la picadura de la mosca tsé-tsé, esta infección parasitaria se manifiesta inicialmente con fiebre, cefaleas y dolores articulares, para continuar con desorientación y una profunda fatiga que hace difícil mantenerse despierto, de ahí el nombre de enfermedad del sueño.

Los continuados esfuerzos para combatirla han dado sus frutos, pero quedan puntos “calientes” o “ciegos” en África Central y Occidental, especialmente en zonas de conflicto, donde la cobertura médica y la vigilancia epidemiológica son escasas (por ejemplo, 17 países subsaharianos reportaron casos en 2009 y solo República Democrática del Congo contabilizaba tres cuartas partes de todos los casos conocidos). Entre 1986 y 2010, los equipos de MSF en varios países examinaron a cerca de tres millones de personas y trataron a más de 51.000 de esta enfermedad. Actualmente la organización lleva a cabo programas de THA en otros muchos países africanos. En conjunto, esta experiencia ha puesto de manifiesto la necesidad no solo de una vigilancia continuada sino también de nuevas pruebas diagnósticas más simples y de tratamientos más adaptables para los pacientes.

John Stanmeyer, de la agencia VII Photo, se unió a un equipo móvil de enfermedad del sueño de MSF cuyo objetivo era aumentar las actividades de detección activa de casos y de tratamiento de la THA en distintos puestos de salud de África Central, lo que le permitió ver de primera mano los esfuerzos que se están haciendo hoy en día para combatir este viejo mal.

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