Un relato distinto sobre la transformación del teatro en España durante la primera mitad de siglo, que contradice el tópico: "estábamos fuera del cuadro", no nos enterábamos de lo que ocurría en Europa, éramos pueblerinos y esclavos del público burgués, etc.
De distinto modo, he preferido vincular el estudio de ese proceso histórico en Europa y en España, bajo una rúbrica común: "El teatro en la época del cine". También los autores españoles vivieron la eclosión de un teatro realista/naturalista con Galdós y Benavente. El análisis de conflictos en la familia burguesa y el contraste de las clases sociales, tanto en la ciudad como en el campo, tuvo grandes agentes, como Unamuno, Joaquín Dicenta, Jacinto Grau. El teatro simbólico y musical, el expresionismo, las vanguardias, el teatro político, tienen paralelos muy valiosos en España, aun nombrando solo a Alberti, Lorca, Max Aub y, claro, Valle-Inclán.
El esperpento no era tan rígidamente nacional como se presentaba, a veces, eludiendo sus conexiones con el expresionismo, verídicamente contemporáneas. La Lulú de Wedekind y Alban Berg podría ser un personaje, quizá lo sea, de "Luces de Bohemia".
Y Máximo Estrella se confiesa un exiliado interior, que desborda la mentalidad modernista, choca frontalmente con los sistemas de represión, se solidariza con la revolución proletaria, se ahoga y muere en el océano de la violencia; como el obrero catalán que le prefigura en el nudo anterior a su desenlace.
El esperpento es el grito escandinavo, son las máscaras de los cabarets berlineses, una odisea en Madrid, en vez de Dublín; un viaje hacia el fin de la noche totalitaria (antifascista, a diferencia de Cèline), cuando apenas acababa de empezar.

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