Manifiesto por una arquitectura abierta

La implicación de los arquitectos en cuestiones transversales y multidimensionales cada vez más complejas ha acabado por poner en crisis la concepción tradicional de la arquitectura como disciplina autosuficiente. Por otra parte, otras prácticas culturales como el arte o la sociología, y las mismas prácticas urbanas de los habitantes, han ejercido un fuerte cuestionamiento sobre los principios y métodos con los que tradicionalmente han operado los arquitectos.

Mientras buena parte de la arquitectura continua aplicándose en la elaboración especializada de productos acabados, cerrados y permanentes, existen prácticas arquitectónicas que exploran otras vías: por un lado, cómo abrir y flexibilizar procesos creativos y las formas para introducir a otros agentes; por otro, cómo aprovechar el cuestionamiento recibido desde el exterior como oportunidad de aprendizaje y enriquecimiento.

Esta arquitectura abierta, arraigada en la cultura crítica de los sesenta, es una práctica cultural y técnica difícil, arriesgada y comprometida, que colabora con otras en un proyecto político común: el de dar entrada a la naturaleza, la subjetividad y las relaciones humanas como fuerzas ontológicas y constitutivas en la construcción del mundo que compartimos.

Paula V. Álvarez

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