Los niños, niñas y adolescentes migrantes no acompañados en tránsito sufren las penurias del camino. Saben que su futuro es incierto y esperan no tener que encontrar ningún obstáculo ni sufrir percance alguno. En su presencia se percibe dolor, historias tristes, necesidad de cariño, de una palabra de aliento, de un sentirse dignas y dignos. Algunos prefieren no hablar, por miedo, porque los acompaña un coyote, o porque aprendieron que guardar sus historias es mejor para evitarse problemas. Otros y otras prefieren hablar y desahogan sus penas, narran sus expectativas, se sienten entre amigos por unos momentos, y en sus rostros se ve una renovada confianza.
Sirva esta pequeña contribución para hablar de la situación de niñas, niños y adolescentes que han tenido que dejar sus países; para visibilizar la indefensión y vulnerabilidad en que se encuentran, y comprender que ven a México como el puente para llegar a lograr sus sueños en Estados Unidos.

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