Director: Joaquín Jordá, Nuria Villazán
Intérpretes: Joao Maria Pinto, Marian Varela
País: España.
Año: 1999.
Duración: 100 min.
Género: Fantástica
Color o en B/N: Blanco y Negro
Guión: Joaquín Jordá, Nuria Villazán
Fotografía: Carles Gusi

El doctor portugués Egas Moniz, experto en neurología, popularizó hace sesenta años un experimento biológico por el que, mediante la extirpación del lóbulo central del cerebro (lobotomía) de un mono salvaje, conseguía hacer de él un animal pacífico y sin voluntad. Una bestialidad que pronto empezó a aplicarse en seres humanos, los internos de los psiquiátricos.

Joaquín Jordá, siempre atento a las paradojas, quedó fascinado por el personaje de Egas Moniz que, en nombre de la ciencia, aplacaba la agresividad de los locos con la amputación de parte de su cerebro, pero, en la larga evolución sufrida por este proyecto hasta su actual configuración definitiva, la importancia del científico ha ido diluyéndose dentro de una película que conjuga el documental con la ficción.

Acompañado por Núria Villazán, Jordá viajó hasta Portugal en busca de testimonios y documentos sobre el personaje. También ha encontrado a un actor, él mismo lobotomizado, que lo interpreta, y el propio cineasta no duda en recurrir a sus experiencias clínicas -sufridas en carne propia mientras preparaba la película- para distanciarse de la simple reconstrucción histórica. No obstante, el inquieto realizador que en su día fuera el gran agitador de la Escuela de Barcelona hace de los internos de una institución psiquiátrica el detonante definitivo para convertir este film en una reflexión sobre los límites de la normalidad.Mucho más allá de las reglas de juego establecidas por Marat-Sade, "Monos como Becky" transforma a los pacientes psiquiátricos en actores de una farsa sobre la locura. Jordá les hace recorrer un laberíntico itinerario que va desde una visita al zoológico hasta la escenificación del atentado sufrido por Moniz en manos de uno de sus pacientes, y el film invoca la razón a través de la lucidez que emerge de personalidades desgarradas. En una demoledora escena, el realizador solicita de sus improvisados actores que hablen sobre sus personajes, pero estos se lanzan a explicar sus propias vidas, no precisamente felices. La realidad, dentro o fuera de la cordura, siempre resulta mucho más contundente que cualquier ficción. Lo mejor: la estimulante libertad de un proyecto que navega a contracorriente. Lo peor: las múltiples películas que se insinúan dentro de lo que finalmente es Monos como Becky.

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