Torear sin guión / Discurso de José Tomás

Diez días antes de la corrida de Nïmes, me llamó un amigo y me preguntó si ya tenía hecho el
guión. ¿Guión? Dependemos de un animal. Y en los toros los guiones no valen para nada, le dije
yo. No fui del todo sincero. No tenía ganas de dar explicaciones. No solo tenía un guión; había
escrito dos. El primero lo titulé 'La Razón Conformada'. Y en él apuntaba los motivos que ponían
en duda el éxito de esta corrida. Para empezar, uno no era un torero de seis toros; seis toros
son demasiados. Siempre he pensado que con dos es más que suficiente. Hablaba también del
repertorio, necesario, con la muleta y sobre todo con el capote para darle variedad al primer
tercio y al último de este tipo de corridas. Yo siempre me he defendido más con las suertes que
veía más cercanas a mi concepto. Apuntaba también que siendo un torero con fama de que le
cogen tanto los toros, con seis no podía salir muy bien parado. No llegaría al final. Y por último la
suerte suprema. En una corrida así la espada debe de funcionar con absoluta regularidad y eso
también lo ponía muy en duda este guión. Lo mejor de la vida son sus ilusiones y sus desafíos,
dijo Noah Balzac. Quizá por eso de pronto un dia apareció en mi mente como un nuevo
amanecer la imagen del Coliseo de Nïmes radiante. Yo me veía en su ruedo, con una sensacion
muy capaz, embarcando excelentes embestidas de toros bravos que traían a mi imaginación
capotazos y muletazos más largos, más templados, más naturales, más íntimos. Desde ese
mismo momento empecé a escribir el segundo guión, el cual titulé 'Una Ilusión en Búsqueda de
la Esencia'. Teorías para encontrar la evolución y el equilibrio necesario para desarrollar lo mejor
posible este encerrona, que dirían en México, o este solo de José Tomás, como anunciaban los
carteles de la Feria de la Vendimia. No quería batir ningún récord, solo quería tener más tiempo,
un tiempo global, sin límite, que me permitiera sentir esa paz que había percibido en mi sueño.
Un tiempo para ir extrayendo poco a poco la parte más profunda de mi sentir y en silencio del
Coliseo ir reconstruyendo mi tauromaquia. Tiempo para sacar la esencia de cada toro sin tener
que rellenar nada. Tiempo para mezclar, fusionar, encajar la esencia con mi esencia. Tiempo
para torear.
Ese primer guión lo guardé días después de escribirlo y no lo volví a leer jamás. El segundo lo
fui corrigiendo y ampliando durante todo el periodo de preparación hasta esa mañana del día 16
de septiembre. Minutos antes de vestirme de torero fui a por él y lo rompí. Ya no me servía para
nada, porque cuando uno se viste de torero se viste también de presente; el pasado no cuenta y
el futuro no existe, la mente se desnuda y el alma se libera para crear sin guiones, abierto a lo
imprevisible. Horas más tarde la realidad superaba al sueño.
Gracias a Comunero, Voceador, Portadito, Artista, Ingrato y Navegante, que navegaron por las
aguas de la bravura. A los ganaderos, que los criaron con verdadera dedicación y buen hacer. A
mi cuadrilla, la de siempre y la que se incorporó este día, todos impecables. A toda la
organización de la Feria y en particular a Simón Casas, por mimar la tauromaquia durante
tantos años en esa magnífica plaza. A Joaquín Ramos por crear su guión con gran pasión,
compartir mi día a día. Y por supuesto a todo el público que estuvo allí presente, a la gente de
Francia y a la gente que vino de otros lugares que compartieron mi sentir y torearon junto a mí y
que soñaron conmigo.

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