La llamada de la fiesta y su promesa de espectáculo sin igual pudo más que el frío ambiente matinal -acentuado por un molesto viento-, y acabó sacando a la calle a la población y visitantes. Así, y con cientos de espectadores llenando el recorrido de vivas y aplausos, el boato marino partió abriendo la Entrada Cristiana a las once en punto. Había mucho que admirar, desde luego: las capitanías (de 1974 hasta hace un par de años) reverdecieron momentos dorados, de nuevo relucientes en sus trajes de gala, con la banda sonora cortesía de la Colla de Moros Nous y con la participación también del pelotón de la fila Timonels. Todo ello en un solo bloque que marchó raudo pero no sin dejar huella: la tribuna, puesta en pie, les dedicó una sentida ovación a su paso, homenajeando a esos rostros que ilustran la historia festera... La historia completa en petreraldia.com

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