“¡Cuántas merluzas hay que comer para poder llevarse una pescadilla a casa!”. Éste era un dicho que se estilaba entre la canallesca periodística y que reflejaba los innumerables actos, cócteles, comidas y convites a los que un plumilla tenía que acudir a lo largo del mes para poder cobrar su menguado salario.

Loading more stuff…

Hmm…it looks like things are taking a while to load. Try again?

Loading videos…