Nuestra acción no debe centrarse en la toma del poder (ya sea de forma en que una
vanguardia promueve la insurrección, o en que una vanguardia organiza un partido y gana
las elecciones), ni en el empoderamiento (que al fi n y al cabo es una toma de poder,
habitualmente en el marco de las lógicas dominantes); sino en la autogestión colectiva
del poder con el horizonte utópico de su disolución. La autogestión nos cambia la mirada
desde la toma del poder al poder hacer/sentir/pensar, lo que implica saberes, habilidades
y quereres. Además, siempre hace referencia a una dimensión colectiva que parte del fl ujo
social, del hacer/pensar/sentir de otr@s y con otr@s.

Para ir construyendo la autogestión colectiva del poder (el desempoderamiento) es
necesaria en primer lugar la resistencia, tanto en el nivel de oposición/conciencia, como
en el de interacción creativa. En segundo lugar es necesaria la ruptura que abra hacia la
innovación; que de lugar a nuevas propuestas que provoquen renunciar a la identidad y
potenciar las identificaciones. Y en tercer lugar, cauces de participación que den forma a la
oposición/interacción/innovación que tendrán que construirse en el proceso, fruto de las
diversas acciones que se vayan realizando.

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