“Es más que un proyecto productivo, es un proyecto de vida”.
Así definen este emprendimiento Matilde Codina, ingeniero
forestal y Mauricio González, ingeniero agrónomo.
La producción de orquídeas y calas de colores, traídas de Nueva
Zelandia, ocupan desde el 2011 las energías de la pareja.
Se apoyan en la experiencia y en los conocimientos adquiridos
durante los 5 años que trabajaron en ese país, en empresas
dedicadas al rubro de las flores.
La idea siempre fue volver a Chile para iniciar algo distinto.
Luego de dos años de muchas gestiones administrativas y técnicas,
lograron que se establecieran los necesarios protocolos entre
Nueva Zelandia y Chile, para traer la materia prima.
El primer desafío fue ubicar el lugar adecuado para emplazar los
invernaderos, y lo encontraron junto al río Bío Bío, en el kilómetro
16, camino a Santa Juana.
Debían hallar las condiciones climáticas lo más parecidas a las de
la procedencia de las plantas, con el fin de producirles el menor
stress posible, porque el objetivo es entregar flores de calidad.
La partida de la empresa encontró en Innova Bío Bío uno de sus
pilares más firmes. Esta institución les entregó los recursos y la
confianza a la seriedad y profesionalismo con que sustentaron su
propuesta.
Son innumerables los afanes cotidianos que requieren el cuidado
de las plantas y de las naves que las cobijan.
Las orquídeas se cosechan en invierno y las calas en verano. Son
cultivos que se complementan.
Y esto, porque, sin desdeñar los mercados locales, apuntan a que
la mayor cantidad lleguen a Estados Unidos, Japón y Holanda,
aprovechando la contraestación y los mejores precios que esto
significa.
Durante esta marcha blanca han observado que la respuesta
productiva de los tubérculos ha sido más de lo que esperaban.
Para el 2014 estiman que dispondrán de siete mil varas de las muy
preciadas orquídeas y apuestan a que en tres años lleguen a las 35
mil .
Las tareas del trabajo familiar están bien divididas. Mauricio se
ocupa de la producción y Matilde de la comercialización.
Los invernaderos cuentan con la infraestructura tecnológica
adecuada para mantener la temperatura, la ventilación, la
humedad, la luminosidad requerida por las plantas.
Mauricio y Matilde afirman que las condiciones geográficas,
climáticas y humanas que hay en Chile, otorgan un gran potencial
para realizar múltiples emprendimientos.
Se comercializa la vara de las orquídeas, que puede llegar a los 15
dólares en el mercado internacional.
Las proyecciones son ambiciosas. De aquí a 6 años, cuando la
producción esté en su apogeo estiman que los ingresos brutos
pueden llegar a los 400 millones de pesos mensuales.
Aspiran a no pasar de una hectárea con invernaderos pues el
manejo de una mayor superficie atentaría contra la calidad del
producto.
Matilde conoce a cabalidad el proceso productivo de estas flores
que son su pasión.
Comenzó como temporera en Nueva Zelandia y ahora en su
empresa se encarga de comercializar.
El concepto de calidad de este negocio familiar no sólo comprende
lo productivo y comercial sino que abarca las relaciones humanas
que debe gobernar la empresa.
Tenemos la suerte de apreciar las últimas orquídeas blancas, verdes
rosadas y amarillas.
Pero esta es la época de las calas enanas rojas, amarillas, rosadas y
naranjas, que están listas para la cosecha.
En mayo próximo vendrá el tiempo de las orquídeas.
Pero la mayor cosecha la están haciendo desde que pusieron los
pies en este lugar, día a día, con éste, su proyecto de vida.

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