La realidad cotidiana de la mujer aymara en Bolivia, en concreto en La Paz y El Alto, es muy diferente a la de cualquier mujer occidental. La mayoría trabaja en la venta diaria de cualquier producto, desde antes del amanecer hasta entrada la noche; pero también son el pilar fundamental de la estructura familiar. Mujeres capacitadas para ser madres, a la par que desempeñan trabajos con escasa remuneración y harta dedicación. A esto se añade que gran parte de estas mujeres están sometidas a sus parejas, con abundantes casos de violencia de género y maltrato consentido, y que la actitud del blanco siempre ha sido racista o paternalista. Últimamente, además, se añade el miedo ante el aumento de protestas de los pueblos indígenas, que reivindican su dignidad.

En medio de este panorama social surgen las pequeñas y escasas historias de superación: Hilaria (locutora de radio), Blanca (albañil), Lourdes (mecánico), Carmen y Marta (luchadoras profesionales), Bertha (concejala) y Roxana (presentadora de televisión). Unas pocas mujeres que con su valentía han desafiado los postulados de una sociedad machista y violenta, a la par que evidencia la dedicación de otras muchas que con su lucha diaria sostienen la economía de un país donde la exclusión es el principal motivo de la pobreza imperante.

CHICAS MALAS es un nuevo ideal de representación de la feminidad en el arte a partir de la mujer indígena. Una recopilación de mujeres ilustradas, hacendadas, matriarcas, hijas, pudientes, incultas y humildes. Este retrato colectivo de la mujer aymara boliviana es un ejemplo de superación frente al sometimiento histórico y global del varón, una apuesta por la eliminación de esos postulados sexistas que pretenden hacer ver que lo masculino y lo femenino son dos esferas opuestas y diferenciadas. Con este documental de creación se quiere sacar del oscurantismo a aquellas mujeres que en ausencia de teorizaciones de género y con su esfuerzo diario tratan de alcanzar la igualdad y la independencia del varón.

Retrato que se opone al estereotipo que siempre se ha hecho de la mujer aymara: el que se la mostraba como devota religiosa, sumisa y sacrificada en exclusiva para el prójimo. Porque en este documental aparece la mujer aymara sentada o parada por siglos como si fuera una montaña, esperando el inalterable devenir del día a día: su niño cargado en la espalda forma parte de ella misma, como si el niño fuera símbolo de la existencia y la madre la resignación hecha mujer. Pero también se nos muestra activa, trabajadora inagotable, creativa, comunicadora y hasta capacitada para modificar costumbres de género con éxito y clamor: las cholitas cachascanistas o mujeres indígenas que participan del espectáculo violento de la lucha libre.

Proyección monocanal, HDV Pal, 25:00
Banda sonora original
2008

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