Podría parecer difícil argumentar que México no está a la vanguardia latinoamericana en materia legislativa. Al menos en la capital del país se legalizó el aborto hace dos años, y en abril de 2009 se despenalizó la posesión de pequeñas cantidades de droga para consumo personal. Asimismo, este país famoso por su machismo se ha adscrito a varios tratados internacionales sobre equidad de género. Pero México no ha logrado traducir todos estos compromisos legales en prácticas que impacten en la cultura laboral, en la que permanecen como costumbres arraigadas la discriminación y la explotación de las mujeres.