Ocho meses se cumplieron ya del asesinato de La Parkita y Espectrito II –los hermanos Alberto y Alejandro Pérez Jiménez–, y el juicio que se sigue a las prostitutas acusadas de los homicidios todavía no termina. Si bien está claro que ambos luchadores rompieron su juramento de no beber alcohol y, presas fáciles, cayeron en manos de La Tía y de La Gorda, sus familiares y amigos se resisten a creer que el móvil del crimen haya sido el robo. El objetivo era matarlos, dicen. Vidas marcadas por la pobreza y los abusos de los empresarios de la lucha libre, las de los gemelos Alberto y Alejandro se insertan de principio a fin, cuando no en la ironía, en la tragedia.
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