El Estado Mayor argentino propuso en 1959 un acuerdo para que expertos franceses en la llamada “guerra antisubversiva” dictaran cursos y fueran asesores pagados por el Ejército Argentino. La misión militar francesa permanente en Buenos Aires, compuesta por veteranos de la guerra colonial en Argel (1954-1962), se mantuvo hasta 1981, con el apoyo de los gobiernos de la Argentina y Francia. Los métodos de la denominada batalla de Argel fueron exportados a la Escuela de Guerra de Buenos Aires, importando la concepción del enemigo interno, que era la base de la doctrina francesa, por su experiencia en la lucha contra un enemigo en un medio urbano: un enemigo interior.

Hasta la llegada de los franceses, para los militares argentinos el enemigo provenía del exterior, Chile o Paraguay, pero con esta nueva concepción el enemigo podía ser un vecino, un maestro, un peronista o un militante de izquierda que ponía en peligro los valores occidentales. Y para derrotar a ese enemigo escondido, entremezclado en la población, que no tiene uniforme, se necesitaba recabar información en la doctrina o escuela francesa. “La inteligencia es fundamental: quien dice inteligencia dice interrogatorio, y entonces tortura (para sacar información) y luego, para deshacerse de los torturados, los hace desaparecer”.

Escuadrones de la muerte: la escuela francesa parte de las propias voces de algunos ex combatientes franceses en Indochina y en Argelia, y en ese recorrido prestan testimonio algunos alumnos ejemplares como el ex ministro del Interior de la dictadura Albano Harguindeguy, el ex presidente de facto Reynaldo Bignone, y Manuel Contreras, jefe de la DINA, la policía secreta chilena, entre otros.

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