Plataforma Chocó: Marta Rodriguez y Fernando Restrepo.

Tejer caminos, al lado de personas, lugres, sombras, lluvia, mar y viento… son de las experiencias que no se pueden dejar solamente en los anaqueles de la memoria. Exige, que cada fibra que se tiende entre tu mirada, la palabra y el ser, emprenda la ruta para encontrar los sueños comunes, la posibilidad que permite entablar los diálogos de la complicidad y sentirnos una vez mas dueños de nuestras vidas y nuestra tierra.
Parece bonito, parece mágico, parece fácil y sin embargo no es la ruta más tranquila para sobrellevar en el camino. Nuquí es todo un sortilegio de coincidencias y ninguna de ellas al azar, pequeño aun como pocos lugares en donde la voluntad de sus rostros negros, el misterio de los Emberas y la empresa del ¨paisa¨, están sujetos a los avatares del clima, al bien aventurado aislamiento (por ahora), y la fuerza que imprime ese Chocó extremo, plagado múltiples verdes, olores sin reposo, arenas grises, lunas voluntariosas, que imprimen en su gente la posibilidad de construirse desde la cultura, desde lo intuitivo, desde las mareas, aun sin tener plena conciencia de ello. Solo pequeños destellos de claridad que están en las alforjas de la memoria de algunos viejos, de mano recia, de trabajo de mar, de caminatas cazadoras y sueños angustiosos.
Alabados que nos recuerdan que la muerte es una dicha, en medio del inminente olvido, que levantan de las tumbas a nuestro silencio indiferente, dándole cuerpo de resistencia, en el destello de la sonrisa de los niños y sus ojos brillantes de palpitantes cuerpos.
Por un momento parecí olvidar que estaba en ese Pacifico turbio, convulsivo, atroz que circunda este nido de titanes de mar.

Ser uno mismo, ser el intimo de si, ser quien cobra las cuentas de ti mismo, es la oportunidad que nace, cuando la Chocoana es tu anfitrión. Descubrimiento de nuevas mascaras, otras caras del prisma que solo se denotan con el arrullo de las olas, las voces del viento o la penumbra de los silencios.
Potente evocador de los momentos lejanos, incitador tempestuoso a recorrer las posibilidades de la mente, de los sueños y la razón. Explore la insinuación de posibles acuerdos olvidados en la distancia y los caballos de la exaltación, como lo dice alguna vieja canción se hicieron presentes reavivando una trasgresión de los sentidos en curso.

Gracias mil.

Siempre habrá sobresaltos en experiencias como estas, que no están sujetos a los parámetros a los cuales nos mal acostumbra lo cotidiano y por eso resalto aun mas la buena voluntad de su labor y su fundación.
Asumo que cada paso de la gente que ustedes convocan, trae retos diferentes y por eso mismo en lo personal estoy bastante complacido con las decisiones que se tomaron para que nuestra estadía allí, fuese lo mas cercana a la gente y el territorio.
Gracias por no enclaustrarnos en un hotel.
Gracias por las comidas eternas donde ¨Pola¨.
Gracias por los atinos culinarios y humor de Laura.
Gracias por la casa de Yaneth, su familia y amigos.
Gracias a la cordialidad casi inocente de Javier.
Gracias por el paseo de carrito-taxi de Fernando.
Gracias, que pese todas las circunstancias de la vida, estuvimos allí.
Y gracias por la diligencia, paciencia, feminidad y complicidad de Milena.

Texto de Fernando Restrepo

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