Utilizando el automóvil como un icono de nuestra cultura, objeto banal, reflejo de nuestra personalidad como una proyección de nosotros mismos, símbolo del becerro de oro del capitalismo más consumista y del desequilibrio social, propongo una reflexión dotando esta imagen de una apariencia biomórfica, como un organismo que se clona a sí mismo en una secuencia sin fin

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