Centenares de detalles transcurren delante de nuestra vista pero somos incapaces de fijarnos y quedarnos con el recuerdo de todos ellos. Nuestra mirada percibe, ve el conjunto, pero es sólo el mecanismo. Es cuando se produce algo inhabitual, ajeno al lugar cuando provoca esa embriaguez o turbación pasajera de los sentidos. ¿Percibimos la belleza en un lugar común? ¿Cuantas otras cosas bellas nos hemos perdido por seguir una rutina diaria?

Dudamos de si somos capaces de reconocer un espacio con nuestra mirada, ¿es la mirada un mecanismo fiable? Mayor aún es la duda si la mirada es rutinaria o común. ¿Cómo podemos verificar que lo que estamos viendo es realmente así?

A veces una ligera modificación del espacio denota aspectos que antes no percebíamos y los pone de manifiesto. Mediante la deformación de sus elementos o la introducción de uno nuevo pueden provocar en la mirada de las personas una nueva forma de percibir el espacio que había devenido como algo rutinario y común. A la vez puede llegar a servir como método empírico para comprobar nuestra mirada o establecer una comparación de la preexistencia y del nuevo espacio generado.

Una inspiración real no se puede falsificar. El objeto o elemento modificado no puede recurrir a nuestros recuerdos, pero sí afectarlos. Si creemos que nuestro mundo no es real se hace evidente que la intervención no puede ligarse en su contexto, pero sí modificarlo. Construir un sueño desde tus recuerdos es la forma más fácil de perder la noción de qué es real y qué es un sueño.

“Never recreate from your memory. Always imagine new places! “

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