A por la bici. Ha llovido, me visto de ciclista, saludo a Pepe y a por mi Giant. Muchas bicis sin sus dueños, no he nadado mal. Sigue lloviendo, voy tranquilo. Pepe esta cerca, vámos tranquilos. Saludos y risas. Las buenas sensaciones me hacen acompañan. El recorrido de la bicicleta es duro pero precioso, lástima que la lluvia nos nos dejó disfrutar de las bajadas. Sigo comiendo y bebiendo, las palabras de Rosa no se me olvidan. Llego al km. 100, otra vez Pepe, estaba orinado. Cojo mi bolsa y a la bici. Me veo bien y me acuerdo de buenos amigos que se estaran apoyándome.

Se me cae mi querido pulsómetro Polar Protrainer NV, todo un clásico y casi media vida conmigo, no podía dejarlo allí. Paro a recogerlo. Último puerto, voy bien, una moto me adelanta, su copiloto me mira, es una jueza, me esperan y me pregunta si he tirado un bote. Le contestó que he tirado un bote a los pies de unas personas a escasos metros del avituallamiento. Me dice que me tiene que sancionar por arrojar basura. ¿Basura?. Es un bote nuevo y lo ha recogido alguien. Llevo sobres vacíos de geles en las perneras y una botella vacía en el maillot, eso si es basura. Conversamos amablemente durante un par de kilómetros, pienso que no me va a sancionar, pero me equivoco, antes de irse me confirma la sanción. Ese rato de charla me ha sacado un poco de la carrera, siento frío y me cabreo. Soy de los que no tira ni el mas mínimo papel compitiendo o no. Se termina la bici, llegada a boxes, cambiarme de ropa y al penalty box.

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