bEl 25 de enero de 1701 se fundó la villa San Pablo de Jiguaní, como una más de las fundadas por lo españoles en Cuba. Como característica del entorno se localizaba un asentamiento de aborígenes nativos de la Isla, que por los hallazgos arqueológicos se corresponden a comunidades subtainas y tainas de cuya lengua proviene el nombre de dicho lugar: Jiguaní, según historiadores de la región quire decir "Arena de Oro"; aunque existen versiones orales que aseguran que su traducción es "Río de Oro".Al respecto existen muchas versiones, lo cierto es que la oralidad que ha llegado hasta nuestros días lo ha definido como "Río de Oro". En este territorio están dispersos varios sitios donde se han encontrado evidencias fehacientes de la existencia de asentamientos de estas comunidades primitivas en sus diferentes etapas de desarrollo socioeconómico, ya sean subtainas o tainas; allí se han encontrado en perfecto estado majadores, morteros, percutores, burenes, hachas petaloides y fragmentos de vasijas de cerámica.

Entre los sitios arqueológicos localizados tenemos: la Loma de El Fuerte, Calabazar, El Faldón, La Rinconada, Las Cabezas, Jiguaní Abajo, El Huerto, La Pelúa, Cuatro Caminos, Dos Ríos y La Yaya; los sitios de La Rinconada y la Loma de El Fuerte están considerados como sitios de contacto indocubano en la etapa de economía productora (agricultores - ceramistas).
Ríos como el Cauto, Contramaestre, Jiguaní, Baire, Cautillo y la tupida vegetación hicieron de este territorio un envidiable paraíso para desarrollar la caza la pesca y la incipiente agricultura que les caracterizaba, además de proveerlos de un seguro y apartado refugio.
En 1656 ya nuestros nativos contaban con un protector, el que defendía su derecho a vivir en estas tierras; la administración de esta comarca pertenecía a la Villa San Salvador de Bayamo.
Los indios de los corrales de Jiguaní Arriba y Jiguaní Abajo trataron de fundar una población con los miembros de su clase que vivían fundamentalmente en la zona de Bayamo, pero ya estas tierras estaban siendo repartidas desde 1622, iniciándose los litigios entre hacendados y naturales; estos últimos, en aquel primer intento fueron obligados a salir de la región por las autoridades bayamesas.
Miguel Rodríguez, descendiente de español e india y nacido en Bayamo se erige como representantes de estos y se traslada al territorio del conflicto para buscar un lugar adecuado y protegido para los miembros de su raza que quedaban, siendo Jiguaní el lugar escogido, no obstante, su lucha fue enconada con los hacendados de la zona especialmente con Gerónimo Palacín, propietario de la finca de Jiguaní Abajo, a tal punto llegó la querella que Rodríguez elevó una queja al gobernador político y militar de la Provincia, demandando el amparo de esta comunidad de indios naturales. El Gobernador dicta un decreto de amparo a favor de Miguel Rodríguez sobre los territorios que ocupa la comunidad que representa y que este denomina Corral de Jiguaní Arriba.
Una vez que se establecen los límites de los territorios, Gerónimo Palacín queda como dueño del Corral de Jiguaní Abajo y Rodríguez del Corral de Jiguaní Arriba, amparado en el decreto que emitió el Gobernador de (Santiago de Cuba) protegiendo a los naturales que defendía, Miguel Rodríguez decide fundar un pueblo en dicho corral, situado junto al río Jiguaní, consiguiendo la creación del curato San Pablo de Jiguaní y su aprobación el 15 de abril de 1700.
El 25 de enero de 1701 que Miguel Rodríguez, ayudado por su hermano Domingo y el cura párroco Andrés Jerez y Mejías fundan la Villa del mismo nombre, recibiendo auto de amparo por Real Provisión el 19 de abril de 1702.

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