Puede que sucumbiera (No, no era invierno).
Tal vez llegué esa vez al lugar, a la torpe encina que me aplastaba el muslo, a las hojas que me mecían en su eterno refugiarse (No, no era tan tarde. No había asomado aún la noche).
Puede que yo hubiera llegado nada más que al suelo. A la piedra estanca. Quizá hasta la matriz, hasta sentir el peso de aguantarse uno el propio cuerpo (No, es claro que la luz aún quemaba, que podía sentirse el surco del sol dibujando la piel).
Y aún así ese miedo. Ese miedo con olor a frío. Sufrir la luz más que el frío, la claridad más que la penumbra, el deseo más que la inercia de la hoja muerta (Y no, no era lejos. Era ese mismo espacio. Esa luz quemándolo todo. Ese verano frío por dentro).

Una idea de Adriana Schlittler, Rafael Tovar y Alfonso Benítez.

Música de Raúl Burrueco.

descenso.net

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