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Dice Juan José, 'Checho', Bacallado (La Laguna, 1939) que tiene “más años que una banda de loros”. También dice que es un tinerfeño “no cerrado, abierto a todas las islas y al mundo”. El caso es que a sus 73 años conserva dos de las pasiones que adquirió desde pequeño: la música y la naturaleza.

Saúl García
[Lunes, 5 de noviembre de 2012]

Su padre contrató a un profesor de música para él y sus dos hermanos y formaron el Trío Bacallado, que actuó “en pantalón corto” en el Teatro Guimerá con obras de Schubert o con ‘El sitio de Zaragoza', aunque después se rebelaron: “Mi padre no nos pudo retener y acabamos siendo unos parranderos”.

Años después fue uno de los fundadores del grupo más famoso de Canarias, Los Sabandeños, con los que grabó ocho discos en “diez o quince años”. “Lo dejé en cuanto se comercializó la cosa y porque tenía que prosperar en la Universidad, hacer mi tesis, y con los ensayos y el vino… —dice—, pero sigo ligado a la parranda”. De hecho anuncia un “parrandón tremendo” para la boda de su hijo.

La afición por la naturaleza también le vino por vía paterna. Su padre era agricultor y tenía una finca en La Esperanza. Allí pasaban el día él y sus hermanos con los pájaros y los insectos. Checho se fue a estudiar Biología a Madrid y realizó su tesis sobre los lepidópteros nocturnos de Canarias y a la Universidad de La Laguna lo trajo Antonio González González, Premio Príncipe de Asturias, que quería impulsar la sección de Biología en la Universidad, y a partir de entonces, gracias a labor de las universidades, los estudios de biodiversidad en Canarias dieron un salto cualitativo en veinte años. Hoy en día se siguen describiendo especies, principalmente marinas y de insectos.

El profesor Bacallado ya se jubiló pero aún sigue estudiando la fauna de Canarias. En Arrecife coordina a un grupo de investigadores que realiza, de forma altruista, estudios sobre la marina, una zona que no ha dejado de estudiar con mucho interés y ahora desinteresadamente, desde la primera vez que llegó a Arrecife, hace 45 años, en su luna de miel. “El encanto auténtico de Arrecife no es otra cosa que la marina, hay que tratarla con mimo exquisito”, dice.

En sólo unos días se han descrito nuevas especies y han detectado una gran recuperación en los últimos años después del maltrato que ha sufrido por las fábricas de pescado y los vertidos. Dice que hay que regular algunos usos, enseñar a cuidarla y hacer algunas vedas. Por ejemplo, alerta de que mucha gente se dedica a levantar las piedras para coger carnada y las deja viradas, “y eso castiga la marina” y a las aves que la visitan.

También dice que los emisarios submarinos no están bien ubicados y que algunas aguas que llegan a la marea están mal depuradas y destaca la recuperación del Charco de San Ginés, que se depura por sí sólo, pero señala que hay que lograr que no ocurra que en cuanto llueve vayan a parar allí todas las aguas sucias.

Bacallado cree que la marina de Arrecife puede ser “la gallina de los huevos de oro”, que el nuevo puerto deportivo puede resultar “un buen tratamiento para ennoblecer la fachada” y que se debería hacer un centro de interpretación, un aula taller perenne para los niños y senderos guiados para conocer y valorar la marina. “Es lo que le da carácter a Arrecife, tiene un valor increíble y no hay otra cosa igual en Canarias”, asegura.

Bacallado fue director del Museo de Ciencias Naturales de Tenerife, que ha tenido un importante papel en la divulgación y el estudio de la biodiversidad canaria, que, según él, se ha estudiado bastante “pero sigue habiendo lugares que necesitan un estudio profundo”. Asegura que a lo largo de su carrera ha obtenido apoyo del Gobierno de Canarias, de todos los sucesivos gobiernos, o del Cabildo de Tenerife y que gracias a eso ha podido poner en marcha proyectos internacionales como el de Galápagos o el de Macaronesia 2000.

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