Cuatro siglos después de su muerte / Olmeda de las Fuentes recupera la figura de un hijo pródigo / que se marchó a Etiopía para no regresar / y acabó siendo el primer occidental / que vio con sus propios ojos la fuente del Nilo.

No es sin embargo el orgullo descubridor / ni sus logros como misionero / lo que hoy día merece admiración y recuerdo / sino ese talante humilde y abierto / la curiosidad del sabio intrépido / que aprendió los idiomas de allí donde pasaba / que sufrió estoicamente siete años de cautiverio / que cruzó descalzo el desierto / y que acabó escribiendo la primera Historia de Etiopía / con un rigor hasta entonces desconocido / Lo que hoy hace grande a Pedro Paez no es la fe del misionero / sino el tesón y la humanidad que demostró como aventurero

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