Ante el dolor se recetan antidepresivos, calmantes, somníferos. Esto generalmente se hace en las consultas médicas con las mujeres, los hombres tenemos nuestros propios mecanismos de “olvido”, de no afrontamiento del dolor.

No son mecanismos que hayamos creado cada uno de los hombres, son mecanismos que han sido diseñados y nos han sido transmitidos culturalmente a los hombres con razones perversas. Quien no reconoce su dolor no reconoce el dolor del otro, de la otra.., quien no reconoce su dolor está preparado para infligir dolor.

Cuando muestro mi dolor, cuando me bebo mi dolor, mis lágrimas de hombre, pueden ocurrir cosas insospechadas. No sólo disuelvo mi dolor y lo incorporo a mi vida, sino que me puedo hacer consciente de lo poco que sirven esas estrategias de evitación que me han sido transmitidas y que yo he incorporado a mi manejo del dolor que el hecho de vivir comporta.

Puede ocurrir entonces que “ser hombre” deje de tener sentido. Puede ocurrir también que cuestione el lugar de mi cuerpo en el que se oculta mi masculinidad, mi culo.

El lugar en que encarcelo, oculto, olvido también mi SER, mi SOY.

Puede que saque de ese sitio metros y metros de oro y mi voz se transforme en flores blancas.

La mayor vejación que se le puede hacer a un hombre es “darle por culo”, es por eso que las expresiones que todos conocemos están tan presentes en el lenguaje cotidiano.

La masculinidad está en el culo, no en la polla. La polla es sólo una excrecencia provocada por cómo de apretado tenemos el culo en el intento de proteger nuestra hombría.

La versión metaperformática que propongo es una investigación sobre los elementos que diferencian las artes escénicas de el arte de acción. En esta versión me instalo a la vista de la audiencia todos los artefactos que van ocultos en mi cuerpo y que usaré durante la acción en sí.

Paco Nogales

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