Hay contratiempos en la vida que te causan un gran desastre. Pero te pueden llevar a encontrar un camino escondido a ras de suelo, que no lograbas ver estando de pié.
Algo así me sucedió hace tiempo que le dió la vuelta a un proyecto que teníamos para una vía de escalada.
Aquel fin de semana es de los que cualquier escalador que aspira a hacer algo de cierto nivel hubiera considerado desastroso. Y explico el porqué:
Habíamos subido a la vega de Urriellu el domingo con intención de escalar al día siguiente (era día festivo en Asturias) nuestra primera vía de entidad a la oeste del Picu: La Murciana 78.
Estábamos sobradamente preparados para acometerla y teníamos una ilusión que te cagas.
El domingo subimos pronto, asi que aprovechamos para acercarnos por la tarde hasta el Diente de Urriellu (situado en las faldas del Neverón de Urriellu).
En cierta ocasión, cuando regresaba del Torrecerredo hacía la Vega, me había fijado en esa agujita tan delgada como un alfiler, que emergía desde uno de sus lados y desde entonces me moría por escalarla.
Así que allí nos fuimos con el equipo de escalada para pasar la tarde divinamente.
Estuvimos rebuscando la línea de subida más evidente, ya que la reseña que llevábamos no era nada precisa y logramos encontrar una ruta factible que nos llevó primero hasta la cima principal y posteriormente, tras un pequeño rápel, a la base de la deseada agujita… de allí, via directa hasta la puntita.
La sensación de estar sobre esa pequeña cumbre es algo parecido a lo que debe sentir la estatua de Colón sobre uno de esos altísimos pedestales.
La sensación de dominio es apabullante.
Esa noche fuimos a dormir a la Vega con una gran sensación en el cuerpo.
A la mañana siguiente nos levantamos temprano.
Un vendaval increíble soplaba de Sur a Norte, barriendo totalmente la cara Oeste.
Conseguimos llegar solamente hasta la primera reunión de la Murciana, pero ya vimos que era mejor retirarnos porque era una lucha continua contra el viento que no nos iba a llevar hacia ningún lado.
Aquella mañana acabamos escalando la Norte clásica Pidal Cainejo para no marchar con las manos vacías de allí, pero la ilusión de la Oeste ya se nos había esfumado.

Por esto consideraba que ese viaje había sido un desastre, ya que no habíamos podido realizar nuestro gran proyecto del verano.
Luego en casa, como no tenía material de video de la "Oeste", me centré en editar la escalada a la Agujita como premio de consolación.
Pero a medida que lo iba editando me daba cuenta de que estaba quedando muy ameno y merecía la pena echarle unas horas de trabajo extra.
Me llevó un par de días terminarlo. Me gustaba mucho como había quedado y estaba listo para colgarlo en la red...
Pero esa semana habíamos tenido una avería en la linea de casa y no disponía de internet. Yo estaba que rabiaba porque no podía compartir con los colegas el video terminado, grrrrr.
A la mañana siguiente me lavanté soñando con la vía. Llevaba dos días editando el video de la escalada y la saturación termino llevándola a mis sueños. Estaba obsesionado con el puto video.
De repente surgió una chispa en mi mente. ¿Por qué no intentaba reflejar aquello de alguna manera?
Así que me puse a desarrollarlo y aquella misma tarde cambié totalmente el sentido del video original y me dediqué a realizar nuevas grabaciones para el proyecto en el interior de mi casa.
Mi exmujer flipaba con las tomas que me estaba haciendo dentro de la cama.
___¿Pero estás seguro que quieres que te grabe dentro de nuestra cama?
___Que síiiiii, tu hazme caso, ya verás.
Arrastramos la cama por toda la habitación para conseguir buenas tomas.
Una de ellas la hicimos después de volver de correr, para que se me notara sudando de angustia en el paso que casi me caigo.
Grabamos incluso una escena en la que me levantaba medio dormido al baño y echaba una meada de campeonato, pero no aparece porque no encontré dónde encajarla, jajaja.
Cuatro días después el video final estaba terminado.
Pero ya no era simplemente el video de una escalada al Diente de Urriellu.
Por arte de magia el lugar y el nombre real de la escalada ya no importaban. Los duendecillos de la montaña habían convertido algo real, en pura fantasía. Una Fantasía en la Aguja.
Así pues, ese par de “desastres” me llevaron por este camino insospechado.
Creo que si hubiéramos escalado la Oeste aquel día o si hubiera tenido internet en casa, ahora no existiría este corto y yo ahora ni siquiera lo echaría de menos.
Hoy en día me alegro de que todo saliera así, porque tiempo después volvimos al Picu y escalamos la Murciana. Y tiempo después escalamos la Rabadá y luego la leiva... Pero además, podemos presumir de haber realizado una escalada de fantasía, en una montaña llamada Diente.
avigamo.blogspot.com.es/2013/02/20080908-fantasia-en-la-aguja-la-aguja.html?showComment=1360411542164

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