La tranquilidad de un pueblo, la naturaleza, vivir al ritmo de las estaciones, la cercanía a los vecinos, en una palabra: calidad de vida. Detrás de la imagen bucólica, y a veces idealizada, que muchos tienen de lo que es vivir en un pueblo, existe una realidad que no es ni peor, ni mejor sino... distinta.
Plantearse trasladarse al medio rural no se resume a una simple mudanza:

Tendrá implicaciones y repercusiones a escala profesional y personal no solo para la persona que desea instalarse, sino también para su pareja e hijos, si los tiene. Por lo tanto este cambio debe ser el fruto de una decisión madurada, debatida, consensuada y donde todos estén igualmente motivados. La opción de vivir en el medio rural no debe ser una vía de escape de los problemas personales, porque hay que tener en cuenta que éstos no desaparecen por cambiar de sitio. Del mismo modo, comenzar con un proyecto profesional y de vida en el medio rural no resulta una tarea fácil, sobre todo si no se ha tenido un vínculo previo con el territorio de acogida.

Estas recomendaciones les puede ayudar a hacerse preguntas o a tomar conciencia de algunos aspectos que no se había planteado en un principio. De las experiencias de otros nuevos pobladores o “neorurales” hemos extraído algunos consejos que ofrecemos a todos aquellos que se hayan planteado trasladarse a vivir al mundo rural.

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