Han amado. Nada los aparta de esa herida. Lo sagrado halla un antes y un después en sus fábulas y en su amor por los otros.
Párvulos. Arden desde el principio. Exóticos, florecen. Sus costados son olas. Les riega la cabeza el mar, desde una nube. Una mano invisible pasa, rozándolos. Los colores salpicados de pájaros son suyos. El alma entrecortada de la yegua los quiere. Apenas tienen sombra. Jamás desaparecen. Pero un día en un bosque, desandan un relámpago, pisan hojas doradas y encuentran un destino. Así son las creaciones de Flor Vaquero. La exquisitez al abrigo del talento.

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