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Martes 25 de junio
EL DIEZMO EN EL GRANERO
Lee Malaquías 3:1 al 10. ¿Qué dice Dios aquí a su pueblo? ¿Qué elementos específicos se encuentran en estos textos, y por qué estarían todos vinculados? Es decir, ¿de qué manera estas cosas están mutuamente relacionadas?
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Con estos versículos, Dios declara otra vez el mensaje básico de los Profetas Menores: su amor permanece constante e invariable. En el versículo 7, el llamado de Dios se oye una vez más: “Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros”.
El pueblo, entonces, pregunta: “¿En qué hemos de volvernos?” Esta pregunta es similar a la que hay en Miqueas 6:6, acerca de traer sacrificios a Dios. En el caso de Malaquías, sin embargo, se da una respuesta específica y, sorprendentemente, tiene que ver con la cuestión de diezmar, o la falta de hacerlo.
De hecho, los acusa de robar lo que le pertenece a Dios. Esto sucedió porque no eran fieles en la devolución de sus diezmos y ofrendas.
La costumbre de diezmar, entregar el diez por ciento de los ingresos, se presenta en la Biblia como un recordativo de que Dios es el Dueño de todo y lo que la gente tiene viene de él. El diezmo era usado en Israel para el sostén de los levitas, que ministraban en el Templo. Descuidar la devolución del diezmo es, de acuerdo con Malaquías, lo mismo que robar a Dios.
Malaquías 3:10 es uno de los pocos textos de la Escritura en los que Dios desafía a la gente a ponerlo a prueba. En las aguas de Meriba, en el desierto, los hijos de Israel repetidamente “probaron” la paciencia de Dios, algo que había hecho enojar al Señor (Salmo 95:8-11). Sin embargo, aquí Dios está invitando a Israel a ponerlo a prueba. Quiere que ellos vean que pueden confiar en él en este asunto, que, de acuerdo con los textos, es algo de gran importancia espiritual.
¿En qué forma el acto de devolver el diezmo (y de dar ofrendas) te fortalece espiritualmente?
En otras palabras, cuando haces trampa con el diezmo, ¿por qué te haces trampa a ti mismo, y no solo a Dios?

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