La semana se presenta con lluvias en toda España prácticamente. Llevamos tiempo esperando estas fechas para hacer un viaje, y una vez más, el tiempo nos lo pone difícil. Aun así, tenemos claro que quedarse en casa no es una opción. Huyendo del mal tiempo no nos queda otra que ir al sureste de la península. Decidimos ir a Alicante finalmente. Somos cuatro en una Volkswagen transporter dirección Alicante. Se respira buen rollo, estamos deseando llegar y montar, tomar el sol, bañarnos, beber cerveza, conocer gente ¡desconectar por fin!

Cuatro horas más tarde nos encontramos a 25 grados con el sol en la cara rulando en bici por la ciudad en busca de cualquier spot que se deje montar. El primer sitio en el que paramos es el puerto. La cosa pinta muy bien. Pero justo cuando vamos a empezar a grabar alguna toma la policía nos echa de allí y pocos metros más adelante un segurata nos invita a que nos vayamos de unas escaleras que habíamos visto. La verdad, nos da igual, llevamos solo unas horas en Alicante y habrá cientos de sitios iguales o mejores a donde ir, o eso pensamos.

Temperatura perfecta, humedad justa, gente por todas partes, sol brillante y hambre inaguantable, asique entramos en un restaurante italiano que hay cerca de nuestro hotel. Comemos unas pizzas caseras que nos dejan muy claro que volveremos al día siguiente.

Por la tarde pedaleamos por el paseo marítimo repleto de padres y niños, chicos y chicas, gente tomando el sol, terrazas de bares llenas… Recorremos gran parte de esta ciudad sin mucha suerte hasta que empieza a anochecer. Cuando estamos de vuelta al hotel encontramos un spot que nos alegra la tarde. Fotos, buen rollo y nadie nos molesta. Un buen sitio para terminar el día.

Al día siguiente más de lo mismo, muy buen clima, muy buen ambiente, muy buena comida y no muchos spots, aunque muy buena imaginación que acaba haciendo de cada plaza, calle o banco un buen sitio en el que montar y pasarlo bien. El día pasa rápido y al caer el sol nos pegamos una buena sesión nocturna. Al final caemos rendidos en la cama tras visitar previamente el restaurante italiano y más tarde la zona de bares abarrotada de gente en la que tomamos unas cuantas cervezas. Nadie recuerda el número…

El sábado quedamos con los locales de allí y nos llevan a varios spots donde se nos pasa el tiempo volando. Encontramos un parque muy curioso, perdido encima de la montaña junto a un skatepark, que dio bastante juego. Sudamos la camiseta y gastamos las zapatillas bajando las carretas que habíamos subido como despedida de aquel viaje. Que gusto conocer a buena gente y encontrarse a otros que llevábamos tiempo sin ver.

A la mañana siguiente estamos en una Volkswagen transporter dirección Madrid con las tarjetas de memoria llenas y las baterías más que gastadas. Eso sí, con fuerzas más que de sobra para seguir con la rutina hasta la siguiente escapada.

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