El calor y las tormentas vespertinas hicieron que las horas centrales del día fueran las más idóneas para volar, pero el respeto vs miedo a hacerlo a partir de las 3 de la tarde nos hizo renunciar a más horas de vuelo.
A partir de las 11,30-12 todo subía. Desde las 14 aterrizar tenía su aquel, y después, el viento en los aterrizajes o los grandes desarrollos no invitaban a volar.

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