Ubicado espacialmente en Michoacán, Zirahuén es un lugar de magia donde la modernidad ha quedado subordinada a la tradición. Uno de los últimos lagos interiores del México central y quizá el mejor conservado, presenta una problemática ambiental sumamente seria: La presencia de dos poblaciones de lobina de las especies Micropterus salmoides (lobina negra) y Micropterus punctulatus (lobina moteada) que depredan especies nativas y que incluso han provocado la extinción de al menos dos especies de peces endémicos, en los últimos años. Aprovechando la solidaridad de Alejandro Pérez Arteaga para usar su embarcación inflable –quien por cierto desarrolla una sólida investigación científica que permitirá conocer el estatus de ambas especies- Jonatán y yo realizamos una nueva incursión en Zirahuén con poca fortuna en la pesca, realmente. Las lobinas moteada y negra tienen un comportamiento en diferentes momentos del año con desplazamientos en toda la columna del agua que podrían estar asociados a la temperatura, la disponibilidad de alimento y su ciclo reproductivo. Ya nos dirá Alejandro alguna vez por qué las lobinas buscan en Zirahuén las zonas profundas en ciertos momentos del año. En fin: esta incursión nos permitió hacer un recuento de capturas en otras expediciones y de paso hacer una parada en Pátzcuaro, la antigua capital del señorío purépecha, para conocer su plaza central y saborear una rica nieva de pasta, tradicional de estas tierras.

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